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Este libro tiene algo extraño, Manuscrito Voynich

    Cuando alguien lo abre, lo primero que llama la atención no es una historia, un poema ni una ilustración.

    Es el idioma.

    Porque nadie sabe con certeza qué dice.

    Las páginas están cubiertas de palabras que parecen formar un sistema de escritura completo. Hay símbolos repetidos, palabras que aparecen una y otra vez y estructuras que, a simple vista, parecen obedecer reglas.

    Pero hay un problema.

    Nadie ha conseguido descifrarlo.

    El libro se conoce hoy como el Manuscrito Voynich y, durante más de un siglo, ha desconcertado a criptógrafos, lingüistas, historiadores y aficionados a los grandes misterios.

    Pero cuanto más lo observas, más extraño se vuelve.

    Manuscrito Voynich

    Un libro que apareció de la nada

    El manuscrito recibe su nombre de Wilfrid Voynich, un comerciante de libros antiguos que lo adquirió en 1912.

    Pero el libro era mucho más antiguo.

    Las pruebas realizadas posteriormente sobre el pergamino situaron su fabricación a comienzos del siglo XV.

    Eso significa que alguien escribió aquellas páginas hace unos seiscientos años.

    Y, sin embargo, seguimos sin saber exactamente quién lo escribió.

    Tampoco sabemos para qué.

    Ni siquiera sabemos con seguridad qué idioma estamos mirando.

    Es como encontrar hoy un libro de seiscientos años de antigüedad escrito en una lengua que nadie recuerda.

    Y entonces aparecen las ilustraciones

    Si el texto fuera lo único extraño, quizá el misterio sería más sencillo.

    Pero el manuscrito está lleno de dibujos.

    Plantas que no siempre parecen pertenecer a ninguna especie conocida.

    Diagramas circulares.

    Estrellas.

    Signos zodiacales.

    Extraños recipientes.

    Figuras humanas.

    Y unas representaciones que parecen mostrar sistemas relacionados con el cuerpo humano o con algún tipo de conocimiento médico.

    Hay páginas que parecen sacadas de un antiguo tratado de botánica.

    Otras recuerdan a un libro de astronomía.

    Y algunas parecen completamente imposibles de clasificar.

    ¿Qué estaba intentando explicar su autor?

    ¿Eran plantas reales?

    ¿Eran inventadas?

    ¿Las ilustraciones escondían un significado que todavía no comprendemos?

    Cada respuesta abre otra pregunta.

    El idioma que nadie puede leer

    Aquí comienza la parte verdaderamente fascinante.

    El manuscrito no parece estar escrito de manera aleatoria.

    Las palabras se repiten.

    Existen patrones.

    Hay símbolos que aparecen con mucha frecuencia y otros que son mucho más raros.

    Incluso parece haber diferencias entre determinadas secciones.

    Todo esto ha llevado a algunos investigadores a pensar que podría tratarse de un lenguaje auténtico o de un sistema de escritura construido deliberadamente.

    Pero también existe otra posibilidad.

    Que todo sea un código.

    Durante décadas, expertos en criptografía han intentado encontrar la clave.

    Y algunos de los mejores criptógrafos del siglo XX estudiaron el manuscrito.

    Sin éxito.

    ¿Y si todo fuera una mentira?

    Existe una teoría todavía más desconcertante.

    Que el manuscrito no contenga ningún conocimiento secreto.

    Que sea un engaño.

    Una obra creada deliberadamente para parecer un libro misterioso.

    Una enorme colección de símbolos sin significado que alguien habría fabricado para convencer a otra persona de que poseía un conocimiento extraordinario.

    La idea no es imposible.

    Durante la historia han existido falsificadores y vendedores de supuestos secretos.

    Pero el manuscrito plantea un problema.

    Si alguien lo inventó, tuvo que mantener durante cientos de páginas una estructura extraordinariamente consistente.

    Y hacerlo en una época en la que no existían ordenadores ni herramientas modernas para fabricar textos artificiales.

    Entonces vuelve la pregunta:

    ¿Quién habría hecho algo así?

    ¿Y por qué?

    Una página tras otra

    Quizá lo más inquietante sea imaginar a la persona que escribió el manuscrito.

    Sentada frente a una mesa.

    Con una pluma en la mano.

    Escribiendo símbolos que hoy nadie comprende.

    Página tras página.

    Dibujando plantas.

    Diagramas.

    Estrellas.

    Personas.

    ¿Qué tenía en mente?

    ¿Estaba copiando un conocimiento que hoy hemos perdido?

    ¿Inventaba un idioma?

    ¿Escribía un código?

    ¿O simplemente estaba construyendo el engaño más elaborado de su época?

    No podemos preguntárselo.

    Y probablemente nunca podremos.

    El libro que sobrevivió a sus lectores

    El manuscrito pasó por distintas manos a lo largo de los siglos hasta llegar finalmente a la colección de libros raros de la Universidad de Yale, donde hoy se conserva.

    Y eso significa que el libro sobrevivió a quienes lo escribieron.

    Sobrevivió a quienes pudieron entenderlo.

    Sobrevivió a guerras, cambios de gobiernos y siglos enteros.

    Pero hay algo que no sobrevivió.

    Su significado.

    Ese es el verdadero misterio.

    No sabemos si estamos frente a un libro que todavía no hemos conseguido leer…

    o frente a un libro que nunca tuvo nada que leer.

    Tal vez lo más extraño todavía esté por descubrir

    El Manuscrito Voynich no necesita fantasmas.

    No necesita una maldición.

    No necesita una historia de asesinatos.

    Su misterio es mucho más sencillo.

    Alguien escribió un libro.

    Lo llenó de palabras.

    Lo llenó de dibujos.

    Lo organizó cuidadosamente.

    Y después desapareció de la historia.

    Nos dejó solamente las páginas.

    Y ahora, seiscientos años después, seguimos intentando escuchar la voz de una persona que ya no está aquí.

    Quizá algún día alguien encuentre la clave.

    Quizá descubramos que aquellas páginas contienen conocimientos perdidos.

    O quizá descubramos algo mucho más desconcertante:

    que estuvimos buscando un mensaje durante siglos…

    en un libro que nunca tuvo ninguno.

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